Tumor TesticularUnidad de Uro-Oncología

El tumor testicular presenta altas tasas de curación debido a la buena respuesta a tratamientos quirúrgicos y con quimioterapia, al diagnóstico precoz y al tratamiento multidisciplinar entre urólogos y oncólogos.

El tumor de testículo es el tumor sólido más frecuente en el varón joven. Se diagnostican entre 3-10 nuevos casos por cada 100.000 hombres/año en los países occidentales. En el 1-2% de los casos ambos testículos están afectados en el momento del diagnóstico. El pico de incidencia se sitúa entre la tercera y la cuarta década de la vida para los tumores no seminomatosos y seminomatosos respectivamente.

El 90-95% de los casos son tumores germinales (que se desarrollan a partir de las células germinales) y el 10-5% a partir de las células estromales.

1. Tumores de Células germinales

Los tumores de células germinales se clasifican en:

  • Seminomas (35% del total)
  • No seminomas (65% del total): neoplasia intratubular de células germinales, carcinoma embrionario, teratoma, teratocarcinoma, coriocarcinoma, tumor del saco vitelino y tumor mixto.

Se han descrito alteraciones genéticas asociadas al desarrollo del tumor testicular. Además, se han identificado factores de riesgo epidemiológicos:

» Síndrome de disgenesia testicular (criptorquidia, hipospadias e infertilidad).

» Criptorquidia aislada (los testes se forman en la etapa embrionaria en el interior del abdomen y deben descender al escroto a través del conducto inguinal. Esto sucede entre el tercer trimestre del embarazo y los primeros meses de vida. La ausencia de este descenso o el descenso incompleto se denomina criptorquidia).

» Síndrome de Klinefelter.

» Antecedentes familiares de primer grado de tumor testicular.

» Tumor en el otro testículo.

Recientemente se ha relacionado la altura con el tumor testicular.

El tumor de testículo suele manifestarse como un nódulo testicular sólido e indoloro, que se detecta de forma fortuita con la autoexploración.  Es rara la aparición de dolor escrotal, pero puede darse en casos de sangrado intratumoral. En el 7% de los casos aparece ginecomastia o crecimiento de las mamas en el varón. También puede aparecer infertilidad e hipogonadismo, incluso antes de la orquiectomía. En casos avanzados o metastásicos se manifiesta con síntomas sistémicos (pérdida de peso, anorexia) y dolor lumbar, secundario a la aparición de masa tumoral en el retroperitoneo (esto ocurre porque el drenaje linfático de los testículos se produce a nivel de los ganglios que rodean la arteria aorta y la vena cava).

Para el diagnóstico es fundamental la exploración física y la ecografía escrotal que puede definir la masa testicular o la presencia de calcificaciones intratesticulares y descartar la presencia de tumor en el otro teste. La RMN escrotal se reserva para los casos de duda diagnóstica. En todos los casos es necesario realizar un TAC toraco-abdomino-pélvico para descartar la presencia de metástasis a distancia.  En casos seleccionados se pueden realizar TAC cerebral, si hay sospecha de metástasis cerebrales; PET, para evaluar la presencia de tumor residual retroperitoneal a pesar del tratamiento y gammagrafía ósea en el caso de síntomas óseos.

En todos los pacientes jóvenes con deseo de tener descendencia en el futuro, debe ofrecerse el estudio de fertilidad mediante seminograma y estudio hormonal (testosterona, LH y FSH) y la posibilidad de criopreservar semen.

Existen marcadores tumorales del tumor testicular que se elevan en sangre en el 51% de los casos. También sirven para establecer el pronóstico y son útiles en el seguimiento: B-HCG, alfafetoproteína y LDH.

El tratamiento estándar del tumor testicular es la orquiectomía radical vía inguinal. Consiste en extirpar el testículo a través del conducto inguinal para no abrir la piel escrotal (para evitar su posible afectación por siembra tumoral durante el procedimiento). Se puede ofrecer la colocación de prótesis testicular en el mismo acto quirúrgico.  La cirugía conservadora (tumorectomía o exéresis únicamente del tumor, conservando el resto del testículo) sólo está indicada en pacientes con tumores en ambos testículos o en pacientes con un solo testículo, con niveles de testosterona normal, siempre y cuando el tumor no ocupe mas de 1/3 del volumen testicular.

La linfadenectomía retroperitoneal consiste en extirpar la masa ganglionar metastásica o los ganglios linfáticos que rodean los grandes vasos (arteria aorta, vena cava) hasta las arterias renales. Se debe intentar conservar los nervios eyaculatorios.

Los tumores testiculares son muy quimiosensibles, por lo que se obtienen buenos resultados con la administración de quimioterapia. Ésta se administra tras la orquiectomía de forma profiláctica o para tratar metástasis en otros órganos. 

La radioterapia solamente es útil en los tumores seminomatosos por su alta radiosensibilidad.

Tras el tratamiento es preciso un seguimiento estrecho mediante marcadores tumorales, TAC y exploración para descartar recidivas tumorales.

2. Tumores de células estromales

» Tumor de células de Leydig
Es el más frecuente de los tumores estromales. Aparece en la primera década de la vida o entre la tercera y sexta. Únicamente el 10% son malignos.  Se diagnostica por la presencia de masa testicular indolora, ginecomastia y alteraciones hormonales. El tratamiento es quirúrgico (en algunos casos se puede realizar cirugía conservadora) y los casos metastásicos presentan escasa respuesta a quimioterapia o radioterapia.

» Tumor de células de Sertoli:
Aparece en torno a los 45 años. El 20% son malignos, pero presentan baja capacidad metastásica. Aparece como una masa testicular y raramente presentar ginecomastia o alteraciones hormonales. El tratamiento es quirúrgico pudiéndose realizar cirugía conservadora en algunos casos.

  • Urólogos altamente especializados en cáncer testicular.
  • Biopsia testicular.
  • Marcadores tumorales en sangre.
  • Servicio de radiodiagnóstico: ecografía escrotal, TAC, RMN y PET.

Para el diagnóstico es fundamental la ecografía del aparato urinario, que permite evaluar la presencia de masas en la vejiga, masas renales y obstrucción del tracto urinario superior.

La cistoscopia es la mejor prueba diagnóstica y es necesaria para el seguimiento de los pacientes con tumor vesical. Consiste en la exploración endoscópica de la vejiga mediante la utilización de un cistoscopio que se introduce a través de la uretra. Ésta debe realizarse en condiciones de esterilidad. Permite la visualización directa de los tumores vesicales, observando el número, localización y aspecto. 

La citología urinaria consiste en la evaluación anatomopatológica de las células vesicales que se desprenden en la orina. Esta prueba ayuda a predecir el grado tumoral y la presencia de carcinoma in situ asociado.

El Uro TAC es fundamental en para el diagnóstico y seguimiento de los pacientes con tumores vesicales, ya que permite evaluar uréteres, pelvis y cálices renales para descartar la presencia de implantes tumorales en estas localizaciones. Los tumores del tracto urinario superior pueden coexistir con el tumor vesical en el 2-4% de los casos, llegando al 7% si el tumor vesical se encuentra en el trígono.  Además, el TAC toracoabdominopélvico se emplea para descartar la presencia de metástasis.

  • Cirugía: tumorectomía, orquiectomía radical vía inguinal, cirugía conservadora.
  • Cirugía de la masa retroperitoneal (cirugía abierta o laparoscópica).
  • Criopreservación de semen.
  • Colaboración estrecha con los servicios de Oncología Médica y Radioterapia.
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