Prótesis de pene: todo lo que debe saber

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La prótesis de pene es un dispositivo que se implanta mediante procedimiento quirúrgico para tratar la disfunción eréctil u otras anomalías congénitas o adquiridas del pene, como desviaciones o la enfermedad de Peyronie.

Esta intervención, tal y como explica el Dr. Alessandro Fiorillo, especialista en la Unidad de Andrología de Urología Tratamiento, UT-ANDRO, “se constituye como el último de los escalones entre las opciones terapéuticas para la disfunción eréctil”. Esto es así debido a que, una vez implantada la prótesis, no es posible retomar otros tratamientos.

Tipos de prótesis de pene

Los dispositivos se pueden dividir en dos amplias categorías: hidráulicas y no hidráulicas.

  • Prótesis hidráulicas. Éstas son, con diferencia, las más utilizadas. Se dividen según el criterio de diseño y la implementación del mecanismo de inflado en modelos de dos componentes y tres componentes. Los primeros se componen de dos cilindros inflables, que caben dentro de los dos cuerpos cavernosos, y una bomba colocada en el escroto. Los segundos, los tricomponentes, además de los cilindros y la bomba, tienen un reservorio colocado detrás del pubis. Este modelo ofrece el mejor resultado, tanto desde un punto de vista estético como funcional, ya que queda perfectamente disimulado, aunque el pene esté erecto o flácido. “La erección mecánica se produce mediante la activación de la bomba que transporta el suero desde el reservorio a los cilindros, que se endurecen y se mantienen hasta que se presiona el mecanismo de desactivación, una microválvula colocada en la propia bomba”, señala el Dr. Fiorillo.
  • Prótesis no hidráulicas. Éstas, también llamadas semirrígidas, incluyen prótesis maleables y mecánicas (poco utilizadas en la actualidad). El modelo maleable se compone de dos cilindros de silicona con un esqueleto en su interior, rígido pero maleable, hecho habitualmente de plata. Cada cilindro se implanta dentro de los cuerpos cavernosos para proporcionarles apoyo central y así mantener su rigidez durante la erección. Las ventajas de este tipo de prótesis son, además de la fácil gestión por parte del paciente, un porcentaje muy bajo de ruptura, buena capacidad penetrante y un coste relativamente bajo. “El inconveniente es que el pene se mantiene constantemente en estado de rigidez, pudiendo modificar únicamente su posición”, indica el Dr. Fiorillo.

Cirugía y postoperatorio

La cirugía se lleva a cabo bajo anestesia espinal o general y suele requerir una noche de estancia. A la mañana siguiente, se retirará la sonda vesical (si precisa) y, después de tres días de descanso, será posible reanudar las actividades diarias, evitando cualquier esfuerzo durante unas tres semanas. «El dolor postoperatorio está contenido y sigue reducido con la ayuda de medicamentos antiinflamatorios y analgésicos», afirma el especialista.

Al igual que ocurre en otras intervenciones, la colocación de una prótesis de pene también puede presentar complicaciones como disuria, aparición de hematomas o edemas que no supondrán problemas a largo plazo. Sin embargo, la complicación más temida es la infección del dispositivo, que puede conllevar su retirada. Por ello, tal y como concluye el Dr. Fiorillo, «las medidas para prevenir infecciones son muy estrictas y hacen que éstas no sean frecuentes, afectando únicamente al 1-8% de los casos».

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